Nunca me ha gustado eso de “tuvo suerte de sobrevivir”.
No, bebé. Yo decidí seguir vivo.
CDMX, 2017 (antes del terremoto).
Vivía y enseñaba ahí, con papeles y con cariño, como si la ciudad me hubiera adoptado.
Porque lo hizo.
Me regaló alumnos que me hacían reír y me hacían llegar tarde.
Me regaló atardeceres entre el smog y banquetas que olían a tortillas y sudor.
Me regaló idioma. Y familia. Y orgullo.
También me dio a dos hombres con cuchillos.

Iba caminando a casa.
Ni borracho. Ni presumiendo. Ni tonto.
Nomás suave.
Nomás yo.
Mochila puesta, corazón abierto.
Y entonces vinieron las manos.
Una a la cara. Otra al costado.
Sin palabras. Sin motivo. Sin opción.
Solo miedo.
Y dolor.

Me apuñalaron en el pecho, me quitaron mis cosas y me dejaron solo, desangrándome en la calle. 🔪🩸
Semanas después,
Quise ir a buscarlos.
Quise hacerlos sufrir, no solamente con versos, físicamente.
Pero no lo hice.
En lugar de eso, los escribí en un poema que nunca van a leer.
Y aquí está…
poema para los dos que me partieron sin matarme
((poem for the two who broke me without killing me))
me atacaron sin aviso, sin pena, sin ley,
(they attacked without warning, without shame, without law)
como sombras del miedo que nunca enfrenté.
(like shadows of fear I’d never faced before)
con un puño callaron mi risa, mi fe,
(with a fist they silenced my laugh, my faith)
y con filo grabaron que débil no fue.
(and with a blade they carved that I was never weak)
quise maldecirlos, buscarlos, vengarme,
(I wanted to curse them, hunt them, get revenge)
con rabia en la sangre, sin nadie que alarme.
(with rage in my blood, no one to warn)
quise matarlos, así, con mis manos,
(I wanted to kill them, right there, with my hands)
como bestia herida cruzando los llanos.
(like a wounded beast crossing the plains)
pero no.
(but I didn’t)
Dios me habló en el silencio total,
(God spoke to me in total silence)
y me dijo que odiar no es final.
(and told me hate is never the ending)
aprendí a sanar, a golpear si me toca,
(I learned to heal, to hit if I must)
a mirar mi reflejo sin miedo en la boca.
(to see my reflection without fear in my mouth)
ahora entreno. respiro. perdono.
(now I train. I breathe. I forgive)
y mi alma no carga lo que no le abono.
(and my soul doesn’t carry what I didn’t plant)
porque el perdón no es rendirse, es poder,
(because forgiveness isn’t surrender, it’s strength)
es pararse de nuevo y volver a creer.
(it’s standing up again and learning to believe)
así que escúchenme bien, fantasmas del ayer:
(so hear me clearly, ghosts of yesterday)
no me mataron. me hicieron renacer.
(you didn’t kill me. you made me reborn)
Eso pasa cuando intentas romper a alguien que ya fue roto… pero bonito.
Ya no estoy enojado.
No porque lo haya olvidado.
Porque me hice más fuerte.
Físicamente, sí, ahora estoy mamado.
Podría cargar a esos dos pendejos mientras recito a Shakespeare y aún me sobra aire pa’ rezar un Padre Nuestro.
¿Pero el verdadero poder?
Vino de caminar entre ese dolor sin arrastrarlo como medalla.
Vino de decidir no pudrirme en la venganza.
Vino de saber que sí, pude haberme cobrado la vida de alguien, pero mejor me dediqué a reconstruir la mía.
Romanos 12:21.
“No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien.”
Así que no, no me desquité.
Me puse poético.
Me puse fuerte.
Me liberé.
¿Y si algún día los vuelvo a ver?
No voy a correr.
No me voy a romper.
Los voy a mirar con el peso de todo lo que he reconstruido.
Not to threaten. Not to hurt them.
Nomás para mostrarles que sigo aquí…
respirando, brillante, sin miedo.
🍒🎰🧃🌈🫦🎲🫦🌈🧃🎰🍒
Sobreviví, lo rimé, sigo suave, sigo mamado. Una propina por el trauma y el flow.
👇

