gabro: dealer/narrador en Vegas, privado de sueño, con un halo de sarcasmo, viviendo a base de cafeína y descaro.
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SAINT CHARDONNAY: drag queen clienta frecuente del casino, amenaza santa, ángel guardián gay con lengua sucia.
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SR. REYES: pit boss, construido como puerta cerrada, secretamente tierno, odia los sentimientos, los tiene de todos modos.
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EL COMETA: : alien “high roller” que se presenta en forma humana, habla como tormenta calmada, definitivamente no es de este planeta.
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ESCENA 1 — TURNO CEMENTERIO, HIGH LIMIT, 3:03 A.M.
gabro (NARRACIÓN):
Las 3:03 a.m. es cuando Vegas deja de ser ciudad fiestera vibrante y se convierte en una máquina expendedora embrujada de malas decisiones. La alfombra intenta lavarte el cerebro, la iluminación quiere manipularte emocionalmente y el aire huele a colonia, desesperación y al recuerdo lejano del divorcio de alguien.
Estoy en una mesa de blackjack en high limit, que básicamente es guardería para adultos con dinero que creen que el efectivo es un tipo de personalidad. El Sr. Reyes camina detrás de mí como si cuidara las joyas de la corona, y las joyas son, lamentablemente, un tipo en mocasines que les dice “buddy” a las mujeres.
SR. REYES (bajo, al oído de gabro):
Aguas. Viene un VIP.

gabro:
¿De los que dejan propina o de los que dicen “¿sabes quién soy?” como si fuera juego previo para ser un imbécil?
SR. REYES:
Solo… sé normal.
gabro (NARRACIÓN):
Me encanta cuando un hombre me pide ser “normal” en un casino donde los candelabros parecen medusas alienígenas y las máquinas están diseñadas literalmente para seducir tu cerebro.
SAINT CHARDONNAY (entrando como maldición en tacones):
No “sé normal”, bebé. Eso es homofóbico.
gabro:
Saint, ¿qué haces aquí a la hora del demonio?
SAINT CHARDONNAY:
Porque te amo, y porque el universo insiste en ponerte en situaciones donde necesitas testigo y quizá un exorcismo.
gabro (NARRACIÓN):
Saint Chardonnay es una drag queen con energía de alarma contra incendios. Trae peluca plateada, un abrigo que parece robado a una viuda rica y pestañas tan gruesas que podrían barrer el piso. Se desliza al asiento como si le perteneciera, como si la silla debiera agradecerle.
SAINT CHARDONNAY:
Además estoy aburrida y mi terapeuta dijo que necesito hobbies, así que elegí el acoso.
gabro:
Igual.

SR. REYES (ya molesto):
Saint. Compórtate.
SAINT CHARDONNAY:
Reyes, cariño, lo único que lastimo hoy es la heterosexualidad frágil y la brújula moral del casino.
gabro (NARRACIÓN):
Reyes finge que no se ríe. Su cara hace ese tic mínimo que los hombres hacen cuando la alegría intenta escapar y la taclea de vuelta al sótano.
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ESCENA 2 — LLEGA EL COMETA
Entra una persona. Sin séquito. Sin entrada ruidosa. Solo… presencia. De esa que baja un poco el volumen del pit sin que nadie se ponga de acuerdo.
gabro (NARRACIÓN):
El Cometa parece un hombre, pero no como los que conoces a las 3 a.m. en Vegas. Demasiado quieto. Demasiado calmado. Demasiado limpio, como si nunca hubiera tenido que fingir que está bien mientras su cerebro grita.
Se sienta en mi mesa sin pedir permiso.
No grosero. Solo… seguro.
Pone un fajo de fichas. Suenan raro. No clac. Un zumbido. Como si sostuvieran una nota.
Saint se inclina.

SAINT CHARDONNAY (susurrando):
Dios mío. Eso es o un billonario o un líder de culto.
gabro (susurrando):
En Vegas es el mismo outfit.
SR. REYES (sonrisa tensa, profesional):
Buenas noches, señor. Bienvenido.
EL COMETA (suave, educado):
Gracias. Me gustaría jugar.
gabro:
Claro. El mínimo es…
EL COMETA:
Lo sé.
gabro (NARRACIÓN):
Dice “lo sé” como agente de aeropuerto diciendo “ZAPATOS FUERA”: calmado, certero y alérgico a tus sentimientos.
Empiezo a repartir.
El Cometa no coquetea. No posa. No intenta impresionar. Observa las cartas como si las escuchara.
Y entonces lo noto.
También me observa a mí. No como creep. Como médico. Como si viera mi sistema nervioso corriendo hacia un colapso.

EL COMETA:
Estás cansado.
gabro:
Sí, amor, son las 3 a.m., estoy trabajando y el edificio está poseído por dinero sucio.
EL COMETA:
No ese tipo de cansancio.
gabro (NARRACIÓN):
Odio cuando alguien me lee bien. Se siente como si mis pensamientos internos acabaran de salir en la pantalla gigante.
Saint lo mira como si fuera a bautizarlo con un martini.

SAINT CHARDONNAY:
Hola, guapo. ¿Cuál es tu tema? O sea, espiritualmente. ¿Estás soltero, embrujado, pagas impuestos?
EL COMETA:
Las tres.
SAINT CHARDONNAY:
Me encanta para ti.
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ESCENA 3 — LA PRIMERA MANO IMPOSIBLE
Le reparto una mano. No la ve de inmediato.
Mira el paño.
Luego el techo.
Luego a mí.
EL COMETA:
Antes de continuar, una pregunta.
gabro:
Si me pides que sonría, te muerdo toda la cara. Con respeto.
EL COMETA:
No.
Pausa, eligiendo palabras.

EL COMETA:
¿Los humanos aquí… se eligen? Aunque cueste. Aunque nadie mire.
gabro:
A veces sí. A veces no. Es parte de la marca.
gabro (NARRACIÓN):
Ah. Ok. Metafísica en una mesa de blackjack. Cute.
SAINT CHARDONNAY:
Habla por ti. Yo siento mucho. Soy empática. Solo lo expreso con bullying.
SR. REYES:
Por el amor de Dios, somos un establecimiento de juego.
gabro (NARRACIÓN):
Reyes dice “establecimiento de juego” como si fuera hechizo protector.
El Cometa asiente como tomando notas para el apocalipsis.
Mira su mano.
Es doce.
Mi carta visible
es cinco.
Lugar perfecto para que el jugador crea haber descubierto el fuego y luego te culpe si pierde.
Él no. Se queda quieto.

gabro:
¿Carta o te plantas?
EL COMETA:
Carta.
Le reparto.
Nueve.
Veintiuno.
Limpio.
Perfecto.
La luz del pit parpadea una vez. Como guiño. Como si el edificio reaccionara.
Los ojos de Saint se abren. 👀
SAINT CHARDONNAY:
Ok, perra. Eso se sintió… sexy..
gabro:
Saint.
SAINT CHARDONNAY:
Dije que la vibra fue erótica, no que me voy a coger la mesa, relájate.
SR. REYES (mirando las luces):
¿Todo bien aquí?
gabro:
Todo normal, Reyes. Solo una mano absurdamente hot y tu techo coqueteándome.
El Cometa sonríe, mínimo.

EL COMETA:
Está respondiendo.
gabro:
¿El techo?
EL COMETA:
A la autenticidad.
gabro (NARRACIÓN):
Pausa general. Saint pausa. Reyes se queda profesionalmente muerto por dentro, porque hombres como él tratan “sorprendido” como falta grave.
gabro:
¿A qué autenticidad?
EL COMETA:
A que no me adoraste. A que fuiste… real.
gabro:
Ah. O sea, hoy no traigo ganas del circo del “sí, señor”.
EL COMETA:
Exacto. La ausencia de mierda performativa. Es… rara aquí.
Saint hace una cara.
SAINT CHARDONNAY:
Qué deprimente.

gabro (NARRACIÓN):
Y lo peor es que tiene razón.
En un casino, muchos VIP no quieren un juego: quieren escenario. Aplausos para su cartera. “Señor”, “jefe”, esa risita falsa para conservar empleo. Muchas veces ni les importa ganar o perder; compran la sensación de que todos alrededor valen menos.
Entonces cuando este tipo se sienta y no exige adoración, no me provoca a arrastrarme, no necesita que actúe gratitud como audición para su aprobación… mi cerebro se cortocircuita.
Estoy acostumbrado a que los ricos traten el respeto como cupón: tiran una ficha verde y esperan que les bese el culo; si se portan como monstruos, yo sonrío y aguanto.
Él no hizo ninguna.
Solo… me encontró a la altura de los ojos. Como persona. Como si no estuviera aquí para hacerme bailar por su ego.
Es tan absurdamente raro en este cuarto que pega como trago que no pedí: directo al pecho, sin chaser.
Así que hago lo que siempre hago cuando tocan mi alma sin permiso.
Lo ensucio.

gabro:
Bueno, felicidades. Me gané mi medalla de “no imbécil” de la noche.
EL COMETA (en calma):
Vale más de lo que crees.
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ESCENA 4 — EL JUEGO REAL DEL COMETA
Seguimos jugando.
El Cometa gana, pero no con avaricia. Gana como experimento. Como si probara el cuarto.
Deja propina. Silenciosa. Constante. Como si dar propina no fuera show ni trueque. Solo generosidad. Sin discursos. Sin “esto es para ti, corazón”. Fichas, con respeto.
Saint observa como si viera un milagro.

SAINT CHARDONNAY (susurra a gabro):
Si un hombre deja propina sin anunciarlo, es material de matrimonio.
gabro (susurrando):
No me voy a casar con el alien.
SAINT CHARDONNAY:
No sabes que sea alien.
gabro:
Las fichas zumban, Saint.
SAINT CHARDONNAY:
Algunos hombres zumban cuando les gustas.
gabro:
No es su tipo.
gabro (NARRACIÓN):
Reyes ronda, sospechoso. El Cometa no rompe reglas, pero dobla la realidad con modales, y a los casinos no les gusta lo impredecible.
De pronto, el Cometa se detiene a media mano y mira más allá de mí.
Fija la vista en algo que no veo.
Su expresión cambia apenas. Como si oyera un silbato hecho de tristeza.

EL COMETA:
Alguien siente vergüenza.
gabro:
¿Aquí? Imposible.
SR. REYES:
¿Necesita algo, señor?
EL COMETA:
Sí. Permítame… un minuto.
Reyes casi dice no. Luego ve la pila de fichas y recuerda que el verdadero Dios del casino es el dinero.
SR. REYES:
Un minuto.
El Cometa se levanta.
Camina al borde del high limit, donde la luz es más dura y el aire más ruidoso.
Lo vemos irse.

Saitse recarga en la mesa.
SAINT CHARDONNAY:
Si va a dar un sermón, me voy.
gabro:
Si da un sermón, le cobro trabajo emocional.
gabro (NARRACIÓN):
El Cometa se detiene cerca de un rincón. Un cliente solo, cabeza baja, hombros tensos. No hablan. No veo su cara. Solo el lenguaje corporal de alguien tratando de no ocupar espacio.
El Cometa no toca. No invade. Se queda cerca y dice algo tan suave que no alcanzo a oír.
La persona levanta la vista.
Se encoge, esperando crueldad.
No llega.
Asiente.
El Cometa se quita el saco y lo pone sobre el respaldo de la silla, no encima, solo cerca. Ofrenda. Recordatorio de que merece calor.

Regresa a la mesa como si nada.
Reyes observa con cara de haber tragado un sentimiento y odiar el sabor.
SR. REYES:
¿De qué fue eso?
EL COMETA:
Iba a irse de este mundo.
gabro:
¿Del casino o… espiritual?
EL COMETA:
Ambos.
gabro (NARRACIÓN):
El ruido del casino se vuelve demasiado fuerte. Oigo todo: risas, máquinas, hambre, la forma en que la gente intenta ahogar el dolor en luces brillantes.
La expresión de Saint se suaviza. Es raro. Como ver a un tiburón tejer un suéter.
SAINT CHARDONNAY (en voz baja):
Jesús.
Tenemos seguridad para eso.
SR. REYES:
Tenemos seguridad para esto.
EL COMETA:
La seguridad no arregla la vergüenza.
gabro (NARRACIÓN):
Uff.
Impacto directo.
Reyes se mueve incómodo, como si sus propios recuerdos se sentaran junto a él.

Odio esto. Odio que sea real. Odio darme cuenta de que el casino está lleno de gente cargando heridas invisibles como bolsas.
Así que hago lo que hago cuando la verdad se acerca demasiado.
Hago un chiste.
gabro:
Bueno, la vergüenza también es mi marca, entonces.
El Cometa me mira, firme.
EL COMETA:
No. Tu marca es sobrevivir.
Eso me pega en el pecho como puño de terciopelo.
Saint me apunta camo diciendo me gusta el bingo

SAINT CHARDONNAY:
¿Ves? Por eso te tengo. Eres una perrita, pero una perrita valiente.
gabro:
Gracias, Madre Teresa del antro.
SAINT CHARDONNAY:
No me faltes al respeto, soy mucho peor.
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ESCENA 5 — LA PARTE SCI-FI QUE LO COMPLICA
El Cometa coloca una ficha.
No como apuesta. Como llave.
La ficha zumba más fuerte.
Lo siento en los dientes.
Las luces ondulan, sutiles, como espejismo.
Reyes se alerta al instante
SR. REYES:
¿Qué carajos es eso?
EL COMETA:
Un receptor.
gabro:
¿Para qué?
EL COMETA:
Para cuando los humanos gotean.
SAINT CHARDONNAY:
Los humanos gotean un chingo, bebé, especifica.
EL COMETA (aun en calma):
Los humanos emiten… carga. La crueldad acumula estática, quema. La empatía conduce, se vuelve luz.
Saint se queda viendo.

SAINT CHARDONNAY:
¿La bondad es literalmente… radiante?Asqueroso. Me encanta.
EL COMETA:
Sí.
gabro (NARRACIÓN):
La clase de física más bisexual que he recibido.
El Cometa gira la ficha.
El zumbido se vuelve nota.
El aire vibra.
Por medio segundo, veo algo detrás de él.
No el casino.
Algo mas.
Otro cielo. Dos lunas. Un horizonte agrietado. Una ciudad de vidrio y sombra.
Desaparece. Mi corazón corre como conejo.
gabro:
Voy a decir algo insano.
SR. REYES:
Por favor no.
gabro:
¿No eres de aquí?
EL COMETA:
Soy de lejos.

Los ojos de Saint se encienden con caos puro.
SAINT CHARDONNAY:
¡Lo sabía! Es un alien y es educado. Eso es sexy.
SR. REYES:
Esto es un casino, no una feria de ciencias.
EL COMETA:
Es ambos.
gabro (NARRACIÓN):
El Cometa me mira, decidiendo si confiar.
Y luego dice, simplemente.
EL COMETA:
Mi mundo se está muriendo. Ya no podemos viajar con fuego. Usamos… lo que ustedes llaman compasión.
Reyes se queda quieto.
Saint deja de bromear.
Trago saliva.
Porque incluso con todo my sarcazmo, se que esto significa algo que no puedes manufacturar.
gabro:
¿Por qué venir aquí?
Comet mira al rededor de cuarto de high limit, las luces, el lujo, la soledad debajo de todo.
EL COMETA:
Su ciudad brilla como hambre. Buscaba poder.
(Pausa.)

EL COMETA:
Lo encontré. No el que esperaba.
La voz de Saint se suavisa.
SAINT CHARDONNAY:
Estás recolectando… bondad.
EL COMETA:
No recolecto. Doy testimonio. El acto crea la carga. Solo recibo lo que se da libremente.
Reyes shifts, uncomfortable again, like the universe is asking him to have a soul on company time.
SR. REYES:
No somos santos. Esto es Vegas.
El Cometa asiente.
EL COMETA:
Por eso importa elegir empatía aquí. Es cara.
gabro (NARRACIÓN):
Ser bueno en un mundo bueno es fácil. Ser bueno cuando el mundo te reta a ser un cabrón… eso sí es flex.
Saint se me queda viendo.
Ahora sin bromear.

SAINT CHARDONNAY:
¿Estás bien?
gabro:
No. Pero soy chistoso al respecto.
SAINT CHARDONNAY:
Quédate así. No dejes que el mundo te vuelva imbécil.
Reyes trata de recuperar el control.
SR. REYES:
¿Qué quieres de nosotros?
El Cometa mira directo a Reyes.
EL COMETA:
Una cosa.
Reyes parece un hombre siendo cuestionado por su vulnerabilidad.
EL COMETA:
Be gentle. On purpose. For one day.
Saint se rie.
SAINT CHARDONNAY:
Eso es malvado.
gabro:
Más difícil que contar cartas, bebé.
Reyes se rie.

SR. REYES:
Quieres que seamos...gentiles.
EL COMETA:
Noten a quienes suelen ignorar.
Vuelve a colocar la ficha zumbante sobre la mesa.
EL COMETA:
Si lo hacen, mi nave se va. Si no, me quedo, y seguirán cansados de una forma que no sabrán nombrar.
gabro (NARRACIÓN):
Eso es una amenaza, pero poetica.
Sait se endereza en la silla.
SAINT CHARDONNAY:
Va. Juego tu juego de empatía, E.T. Pero si lloro, te demando.
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ESCENA 6 — EL JUEGO DE EMPATÍA (DISFRAZADO DE DESMADRE)
Sigo repartiendo.
Pero la energía cambia.
Reyes deja de ladrar y empieza a preguntar “¿todo bien?” con esa torpeza masculina del cuidado.
Deja de ladrarles a los dealers y a las meseras de cócteles como si fueran sus sirvientes personales, y empieza a preguntar “¿todo bien?” con esa brusquedad con la que muchos hombres intentan expresar preocupación por los sentimientos de otra persona.

Saint usa la sombra como escudo, no como arma.
Cada vez que ve a aguienl exaltarse, ella se dirige delicada pero firme, como una diva con halo hecho de navajas.
Yo, hago algo que no esperaba.
Me detengo.
No al repartir, sino por dentro.
Empeizo a notar caras.
No en la forma creepy, si no en la forma humana.
Veo el cansado que se soba las sienes.
El chavo en slots mirando el celular como si fuera a escribirle “no eres una carga”.
La mesera sonriendo demasiado rápido para no desaparecer.

Y lo jodido:
Al notarlos, me siento menos solo.
Porque la soledad miente. Te dice que te ahogas solo, mientras todos contienen la respiración.
Saint me cacha viendolo.
SAINT CHARDONNAY:
Mírate, desarrollando corazón. Asco.
gabro:
Cállate antes de que sienta algo y explote.
Reyes se calla, como pensando, no puedo creer lo que acabo de decir.
SR. REYES:
Le dije a seguridad que afloje. Que la gente respire.
Miralo.
gabro:
¿Quién eres y qué hiciste con Reyes?
Es mas suave.
SR. REYES:
No lo hagas parecer raro.
Saint points at Reyes. He points back at her.

SAINT CHARDONNAY:
Está evolucionando.
El Cometa lo ve todo como cienctifico ve un milagro que nunca sería real.
El zumbido se vuelve cálido. El aire menos filoso.
gabro (NARRACIÓN):
Nadie da discursos. Nadie postea.
Solo… actuamos como humanos.
Como si no fueramos hechos de piedra.
Sigue siendo Vegas. Sigue siendo sucio.

Saitn aun llama a los hombres "señor" con falta e respeto en su tono. Reyes aun pretender no ser suave. Y yo sigo maldiciendo pero amablemente.
Pero hay corriente.
Empatía entrando como ladrón.
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ESCENA 7 — EL COBRO
Tras una hora, el Cometa hace su última apuesta.
Pierde a propósito. Sonríe como si ese fuera el punto.
El zumbido sube y se apaga.
El cuarto parpadea.
Cósmico.
El edificio respira.
El Cometa nos ve a los tres en calma.
EL COMETA:
Gracias.
Saint cruza sus brazos.

SAINT CHARDONNAY:
De nada, papi espacial. Ve a salvar tu planeta.
Reyes sacude la cabeza.
SR. REYES:
¿Vamos a recordar esto?
El Cometa lo considera.
EL COMETA:
Lo recordarán cuando estén a punto de ser crueles.
Asiente como bendición y se va.
El aire se aligera, como ventana abierta en el pecho.
Saint lo ve alejarse y luego me ve a mi.
SAINT CHARDONNAY:
¿Entonces qué aprendimos?
gabro:
No.
SAINT CHARDONNAY:
Dilo.
gabro:
No.

SAINT CHARDONNAY:
Dilo perra.
Volteo los ojos, porque me reuso a ser sincero sin pelear.
gabro:
Está bien. Tal vez… la bondad es una pelea radical.
Saint sonrie.
SAINT CHARDONNAY:
¿Algo más?
gabro:
Y notar a la gente es sexy.
SAINT CHARDONNAY:
Ese es mi niño.
Reyes suspira, casi se rie.
SR. REYES:
A trabajar.
gabro (NARRACIÓN):
Reparto la siguiente mano.
Y por primera vez en mucho tiempo, no solo sobrevivo.
Me siento parte de algo.
La empatía no arregla el mundo.
Pero lo hace menos solo.
Y en una ciudad construida sobre la soledad, eso es una revolución.
🍒🎰🧃🌈🫦🎲🫦🌈🧃🎰🍒
Deja propina si quieres más sermones sci-fi sucios de Vegas que, por accidente, te hagan sentir humano.
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