Atrapé mi cara en el vidrio de una casa de empeño,
cielo neón color labial, un pellizquito de lluvia.
Fremont zumbaba como tragamonedas al amanecer,
mi sombra me guiñó y siguió jalándome hacia adelante.
El espejo ronroneó: bebé, ven a ver el show,
tú crees que eres la estrella, pero yo manejo el resplandor.
Yo sonreí, obvio, descarado y dulce como soy,
beso con los ojos y hablo con los pies.

Eres lindo, siseó, pero tu azúcar muerde,
tu sonrisa es una navaja vestida para la noche.
Quieres amor en rojo, quieres fama en cromo,
tú le llamas escenario, yo le llamo hogar.
Me reí, pecador, con sonrisa de apostador,
mi corazón traía lentejuelas, mis pulmones traían gin.
Si el hogar es un espejo con dientes como los míos,
sírveme una oración, y que brille de la más cara.

El vidrio soltó vaho, como beso celoso,
probé el humo, probé el siseo.
Me dijo: yo llevo la cuenta cuando vendes tu arte,
yo autografío huesos, yo te tatúo el corazón.
Yo dije: pórtate lindo, soy una bestia delicada,
lloro en la regadera, banqueteo en el banquete.
Le doy propina a los muertos cuando los vivos son codos,
coqueteo con el diablo y luego lo arrullo para dormir.

Chasqueó la lengua: pretty boy, confiesa,
haces arma lo suave, haces arma el sí.
Te sonrojas, luego muerdes, luego te robas la escena,
bailas como santo, con brillo de pecador.
Incliné la quijada, estiré el cuello,
y le dije: eres la cuenta que se me olvida revisar.
Eres glitter, eres duelo, eres dientes de escenario a la derecha,
un coro de fantasmas en la corona del salón de tragamonedas.

Al vidrio le salieron manos, diez anillos de humo,
una me siguió el pulso como chiste privado.
Susurró: cariño, me sé tu juego,
tú ardes por el beso y te bebes la llama.
Le dije al espejo: el truco es este,
yo le digo moretón y lo vendo como gloria.
Soy azúcar con garras, miel con calor,
sangro dentro de una rima y luego lo encierro en el beat.

Tangoamos en silencio, tacón con tacón,
sirenas de cuna allá abajo, bien lejos.
Dejé que la voz se me metiera bajo la piel,
dejé que mi reflejo por fin ganara.
Dijo: en Halloween, el velo se adelgaza,
bailas con tus muertos y te preguntan dónde andabas.
Yo dije: he estado ocupado, rompiendo mi maldición,
besando a mi sombra, aprendiendo mi verso.

El espejo se agrietó en una sonrisa preciosa,
perfecta, como pecadores que rezan con estilo.
Me dio una corona hecha de luz de Fremont,
me quedó como pecado que por fin se sentía correcto.
Una última exigencia, me sopló al oído:
da show como si lo amaras, da show sin miedo.
Sé tierno y salvaje, sé satín y calle,
sé rosas con navajas, sé terciopelo con dientes.

Presioné mis labios contra la costura plateada,
sal y electricidad, fiebre de sueño.
El vidrio se quedó con mis secretos y me los devolvió bien doblados,
envueltos en aplausos, tibios, pegajosos, dulces.
Salí de esa casa de empeño como un snack embrujado,
con la noche en la bolsa y la luna en la espalda.
Y allá en Fremont, donde se encuentran los pecadores,
mi sombra y yo seguimos el compás perfecto.

Porque el horror se ve bonito cuando aprendes la coreo,
porque el amor es un reto, no un ego ardido.
Porque los espejos son un desmadre, y yo también,
beso lo que temo y nunca digo adiós.
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🖤 Confesión Postmordida de gabro: Si me ves coqueteando con una ventana a las tres de la mañana, no te metas — estoy negociando la paz con un monstruo que se ve fabuloso con mi chaqueta.
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🍒🎰🧃🌈🫦🎲🫦🌈🧃🎰🍒
Si este poema te dejó colmillos y latido, aliméntame con algo dulce, no con truco.
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