Miniserie de colapso · Poesía y pánico
Yo pensaba que Las Vegas era falsa.
No falsa como las pelucas, las bubis de silicón o el vato en Fremont vendiendo fotos “autografiadas” de Elvis… con el plumón todavía en la mano.
Falsa como en vacía. Como si alguien hubiera aventado diamantina sobre un estacionamiento y tuviera el descaro de decirte: “Mira, esto es el paraíso."
Y sí, me la creí.
¿Vegas? Una ciudad hecha de ilusiones para gente demasiado cansada como para enfrentarse a la neta.
Fácil juzgar cuando solo venía de paso, bebiendo cocteles rebajados, viendo a las despedidas de soltera llorar en tacones.
Pero luego… me mudé.
Y la broma se me quedó viendo de frente.

Vegas no es falsa.
Vegas es arte escénico.
Del bueno. De ese que está en vivo 24/7, nunca rompe personaje… y te cobra $18 el vodka con soda.
Al principio, quise hacerme el interesante.
Ponerme en modo zen. “No te vayas a volver uno de ellos,” me decía, mientras pasaba junto a un vato adulto en pañal, con un cartel que decía “Hago craps por cash.”
Pero con el tiempo dejé de fingir que solo estaba mirando el show desde lejos.
Porque, bebé… Yo era el show.

Continuará…
🍒🎰🧃🌈🫦🎲🫦🌈🧃🎰🍒
Esta ciudad me cambió. Una propinita puede que te cambie el karma. 🌆
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